Cómo funcionan las Redes Sociales para distorsionar nuestra percepción de la realidad y radicalizar nuestra mente. La Cámara de eco

– Por: J. S. Rodríguez –

Es curiosa la relativa facilidad que tenemos las personas para creer que poseemos la razón en cualquier tipo de discusión. Nos erigimos como sabios en toda clase de temas y creemos conocer desde, qué tipo de cambios requieren los cimientos de un Estado para mejorar el mundo, hasta discusiones para demostrar cuál es el color más bonito del planeta Tierra.

Esa facilidad que tenemos para considerarnos poseedores de toda razón, se encauza hacia una determinación férrea de perpetrar nuestros modelos mentales sobre otras personas, buscando que los demás piensen de la manera “correcta”, es decir, nuestra manera de pensar. Esto nos lleva, en muchas ocasiones, a esgrimir argumentos que ni siquiera hemos comprobado con tal de salir victoriosos en un conflicto dialéctico, del que su probable ganador sea quien mejor hable, sin importar si la totalidad de argumentos expuesto son verídicos.

Defendemos con pasión que nuestra visión del mundo es la verdadera y, automáticamente, nuestro cerebro nos comenta:

-“Oye, debes convencer a otras personas de que su visión de la realidad es falsa y tienes que aportar argumentos sin haberte instruido en profundidad sobre el tema, porque debes conseguir que vean la realidad como la vemos nosotros. No hace falta que comprobemos nada, sabes que tenemos razón. ¿Con qué finalidad haríamos esto, me preguntas?  Pues… Porque debemos demostrar que no somos inferiores. Sería horrible quedar en evidencia por no saber de todo y nos aterra quedar en ridículo delante de los demás. Es más, ¡Sí que sabemos de todo! Demostremos que hemos estudiado, aunque lo estudiado no tenga nada que ver con la discusión que estamos teniendo en estos momentos. Pero bueno, nosotros conocemos lo necesario para saber del terma, ya que hemos visto un par de vídeos en YouTube que nos respaldan. Sin olvidar a todas esas personas de Facebook y Twitter que opinan como nosotros. Tantas personas no podemos estar equivocadas”-.

Después de hacer caso a nuestro malévolo y acomplejado cerebro, nos damos cuenta de que hemos desperdiciado un vergonzoso número de horas en intentar convencer a los demás sobre nuestro punto de vista y el resultado de nuestros argumentos no ha cambiado la “falsa” visión de la realidad que los otros defienden.

Cansados, pues, de darnos cabezazos contra la pared, decidimos acudir a contarle nuestra visión de la realidad a nuestro círculo de confianza. Ese círculo de personas que piensan como nosotros. Esas personas que comparten nuestra visión de la realidad y nos dan la razón. Nos hacen sentir bien y nos lleva a preguntarnos: -“¿Por qué perderé el tiempo en convencer a personas que no quieren entrar en razón? Es preferible que no me junte más con ellos porque frustran mi felicidad. Es mejor que sólo me junte con mi círculo de amigos de siempre, ya que, hablemos del tema que sea, siempre están de acuerdo conmigo y, además, me hacen sentir bien. No pienso volver a discutir con nadie que me lleve la contraria. Las personas que están fuera de mi círculo no tienen razón y punto pelota”-.

En esta tesitura y con el paso del tiempo, nuestro círculo de confianza se estrecha y retroalimenta de nuestras mismas opiniones de siempre, desoyendo toda opinión que no pertenezca a nuestro imaginario. Empezamos a crear nuestras propias palabras nuevas, nuestros símbolos que solamente nosotros entendemos. Nacen nuestras propias bromas para rechazar la opinión de otros grupos. Surge el compañerismo y la camaradería que nos acerca más entre nosotros y nos aleja del resto de personas que no comparten nuestra manera de pensar.

Poco a poco, el resto de ideas ajenas a nuestro círculo empiezan a criticar nuestro modus operandi. A pesar de las pullas recibidas, decidimos no contraargumentar a nadie externo porque nos parece una pérdida de tiempo, sin embargo, en nuestro círculo nos emociona el hecho de que entre nosotros podamos comentar y cachondearnos de las ideas diferentes a las nuestras, retroalimentando constantemente una distorsión aislada y exagerada de la propia realidad.

En estos contextos deriva, de manera natural, la construcción de nuestra propio ideario. Un ideario que crece en ideas radicalmente distorsionadas y diferentes a las que tienen las personas ajenas a nuestro círculo, hasta llegar al punto de que rechazamos con gran desagrado a todo aquel que no comparta nuestro ideario.

Ese ideario propio de “rechazo a ideas ajenas a nuestro círculo” nos ha encerrado en nuestra propia: “Cámara de eco”.

Pero…¿Qué es una Cámara de eco?

“Cámara de eco” es un término utilizado como metáfora en los Medios de Comunicación de masas para describir el suceso comentado anteriormente, es decir, cuando una persona o grupo de personas se encierran en su propio círculo (o cámara) de ideas y se aíslan de las ideas de grupos sociales externos. Esto provoca que las personas en la Cámara de eco interpreten la realidad de manera sesgadas, es decir, apreciando únicamente su propia versión de la realidad y dando la espalda a los diferentes tipos de realidades e ideas existentes en el mundo exterior a su cámara.

Como metáfora de una Cámara de eco real, nos encontramos ideológicamente en un lugar cerrado y hermético, en el que las ideas, en sustitución metafórica de las ondas sonoras, se proyectan, reverberan y chocan contra las paredes del interior de la cámara, dando como resultado un sonido (idea) amplificado (distorsionado) y potenciado (exagerado).

De manera general, todas las personas vivimos en nuestra propia Cámara de eco. Si referenciamos la filosofía de Ortega y Gasset, podemos decir que estamos limitados por nuestras propias circunstancias, es decir, el ser humano tiene una limitación física inherente que le impide conocer todas las realidades e ideas del mundo, lo que nos impide conocer, en cierta manera, más allá de todo cuanto nos rodea. Comprender estas limitaciones humanas nos puede permitir ser conscientes de que siempre que miremos más allá de nuestra propia Cámara de eco, descubriremos nuevos conocimientos y realidades.

El problema surge cuando una persona no es consciente de que vive en un Cámara de eco. Esta persona aceptará sus ideas del día a día como la única y verdadera realidad, siendo incapaz de aceptar las ideas de otros grupos de personas. Cuando esa persona no es consciente de las limitaciones mentales que supone una Cámara de eco, tenderá a radicalizar, exagerar y distorsionar su visión de la realidad, y por ende, su manera de comportarse hacia esta, sin poder llegar a comprender por qué el resto de seres humanos ven la realidad de manera diferente.

Los más frecuente es encontrarnos estos casos en personas con carentes aptitudes de madurez empática y emocional, con cierta tendencia al egoísmo, ya que no pueden (o no quieren) ponerse en el lugar de los demás.

Niveles en las Cámaras de eco.

Como ya hemos visto, las Cámaras de eco funcionan gracias a todas aquellas opiniones y circunstancias que nos rodean en nuestro día a día. Para comprender mejor su funcionamiento, me he permitido descomponer una Cámara de eco en los siguientes niveles de interacciones sociales:

-Nivel interno: compuesto por nuestras propias opiniones, las opiniones de nuestros círculo cercano de amigos, familiares, compañeros de trabajo, de clase, vecinos… 

Nivel externo: lugares en los que vivimos y frecuentamos, personas que componen nuestra comunidad, eventos a los que asistimos…

-Nivel mediático: los Medios de Comunicación que consumimos (televisión, radio, periódicos…) y las Redes Sociales.

Ya hemos visto anteriormente cómo funciona el nivel interno. Por otra parte, el nivel externos funciona como una extensión del interno.  Pero, ¿Y el nivel mediático?

En el nivel mediático, los Medios de Comunicación y Redes Sociales son capaces de enmarcar el imaginario social a escalas de millones de personas, gracias a su capacidad de difusión informativa. Cuando las personas consumen recurrentemente unos medios en concreto, como ver siempre el mismo canal de televisión, comprar el mismo periódico o entrar siempre a la misma red social, terminarán compartiendo unas Cámaras de eco muy parecidas, ya que los medios son capaces de aportar una visión de la realidad muy concreta a una infinidad de personas.

Cada medio funciona de una manera diferente, pero en términos generales (y partiendo de que la objetividad total es imposible de alcanzar para seres con puntos de vista individuales), todos los medios de comunicación aportarán cierta visión sesgada y subjetiva de la realidad, omitiendo informaciones que invisibilizarán otras realidades (por cuestiones editoriales, falta de información o de interés noticioso), provocando que las Cámaras de eco de millones de personas resulten sesgadas y ajenas a las realidades que no se tratan en los Medios.

Las Cámaras de eco y las Redes Sociales

El gran problema en el que caemos muchas personas respecto a Internet es creer que la mera existencia de las Redes Sociales hace que Internet sea un lugar democratizado en donde encontraremos las voces de todas las personas posibles. Nada más lejos de la realidad, pues nos encontramos ante una doble coyuntura.

Por un lado nos encontramos ante una falacia impuesta por nuestra propia mente que, incapaz de imaginar el infinito mundo de realidades, se contenta aceptando como verdadera realidad lo que dicen la mayoría de comentarios, publicaciones, fotos y vídeos. Y por otro lado, las propias Redes Sociales poseen instrumentos para encerrarnos en nuestras propias Cámaras de eco.

Caemos sucesivamente en estos errores, por lo que, para poder superarlos debemos ser conscientes de las siguientes realidades:

  • Si bien es cierto que en el inmenso Internet hay cabida para todas las voces, es difícil que encontremos todas las opiniones e ideas que estamos buscando. Por mucho que se diga, no todo está en Internet.
  • Las personas siempre daremos prioridad a unos temas sobre otros, por lo que siempre habrá algo invisibilizado.
  • La gran mayoría de usuarios en Internet no comentan ni expresan su opinión, por lo que habrá una infinidad de realidades silenciadas que nunca conoceremos, ya que estarán sepultadas bajo los comentarios de los pocos grupos de personas que comentan en internet (pocos en comparación con el número real de usuarios).

Por ejemplo, si en Redes Sociales , un grupo de 500, 5.000 o 50.000 personas comentan, sin ningún tipo de apoyo científico, que las vacunas producen extraños efectos magnéticos, obtendremos como resultado que otro gran número de personas creerán esos comentarios como verdades indiscutibles, ya que estarán siendo arrastrados por una falacia de argumento ad populum, es decir, que creerán que algo es cierto porque lo afirman la mayoría de comentarios que ven en Internet, independientemente de lo que puedan decir las personas expertas en la materia. Algo totalmente absurdo pero inherente en la naturaleza crédula de muchos seres humanos.

Una vez entendida la falacia ad populum en Internet, pasamos a detectar y comprender cómo los instrumentos de las Redes Sociales no encierran en nuestras propias Cámaras de eco. Para ello debemos conocer cómo funcionan las Redes Sociales en la actualidad:

En primer lugar, debemos saber que las Redes Sociales obtienen nuestros datos mediante la recopilación de nuestros metadatos y “cookies”, es decir, datos que aportamos a las páginas webs cada vez que accedemos a ellas. De entre todos los datos que aportamos, las Redes recopilan datos como: nuestros nombres de usuario, nuestros contactos, nuestras horas de conexión, de desconexión, de actividad, a qué publicaciones  damos a “me gusta”, nuestra ubicación, personas con las que interactuamos, las series que vemos, los artículos que buscamos en internet, las categorías de películas que nos gustan, el estilo de ropa que solemos comprar, el tipo de noticias que soleemos leer y cuanto tardamos en leerlas… y un infinito etcétera que dependerá de los datos que cada web quiera obtener y les permitamos recopilar de nosotros.

Con estos datos y mediante los propios algoritmos de las Redes Sociales, plataformas como Facebook, Twitter y YouTube, ajustan su manera de mostrarnos información para ofrecernos el contenido que “mejor se adapta” a nuestras características como usuarios para mantenernos enganchados en sus redes durante el máximo tiempo posible. Cuando las Redes Sociales, de manera deliberada, eligen por nosotros el tipo de contenido que nos va mostrar en sus webs, nos están encerrando en nuestra propia Cámara de eco.

Las Redes Sociales, como Cámaras de eco, nos muestran los contenidos que creen que queremos consumir en función de los datos que hemos aportado a las plataformas, y es por ello que nos terminan aislando de conocer infinitas realidades. Obviamente estas Cámaras de eco funcionarán de manera diferente de las de Medios tradicionales, ya que  estos últimos siempre ofrecerán un mismo discurso para todas las personas.

¿Cuál es el resultado de una Cámara de eco en las Redes Sociales?

Pues, al igual que las Cámaras de eco existentes fuera de Internet, las personas empezarán a crear comunidades cerradas que siempre creerán tener la razón y, cegados ante la incapacidad de poder ver su propia Cámara de eco, pensarán que la realidad es como las publicaciones que los algoritmos han mostrado en sus personalizados muros de Facebook, sus noticias de Twitter o sus vídeos de YouTube, hallándose así en un mundo sesgado en el que plataformas, creadores de contenido y usuarios con mucho tiempo libre utilizarán discursos e ideas cada vez más radicales, sesgados y distorsionados para conquistar la atención de los desenfrenados pulgares que, con tal de huir de la tediosa realidad, buscarán desesperadamente incentivos en un ciberespacio plagado de estímulos.

Entonces ¿Cómo podemos salir de nuestra Cámara de eco en Internet?

Lo dividiremos por puntos para hacerlo más ameno y comprensible:

  • Tenemos que ser conscientes de cómo funcionan las Cámaras de eco en nuestras Redes Sociales (lo anteriormente explicado), comprendiendo que las redes nos están mostrando contenido en base a la información que han recopilado de nuestros datos.
  • Hay que aceptar la imposibilidad del ser humano para poseer el conocimiento absoluto de las cosas.
  • Debemos estar abiertos a mirar más allá de nuestra propia Cámara de eco, buscando información contraria a la que estamos acostumbrados a recibir.
  • Tenemos que ser capaces de realizar un ejercicio de empatía para poder situarnos en la realidad de los demás y comprenderlos.
  • Es importante que respetemos las diferentes opiniones e ideas para poder informarnos sin prejuicios.
  • Necesitamos equilibrio para no vernos sobrepasados por informaciones que puedan ser falsas.
  • Y siempre deberemos ser críticos y poner en valor el resto de ideas con las nuestras, comparándolas y tratándolas, para conseguir informaciones realmente concluyentes.

Poder detectar nuestra Cámara de eco supone un continuo ejercicio de empatía hacia las personas, ideas y realidades que desconocemos, aportando un gran beneficio a nuestras sociedades contemporáneas, ayudándonos a ser más abiertos de mente y facilitándonos el comprender mejor a nuestros vecinos, lo que en un futuro se traducirá en poder construir un mundo mejor en el que vivir en paz.


Empatía Equilibrada es un blog creado para reflexionar sobre realidades cotidianas y de actualidad que merecen una atención más detallada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s